Este documento es proporcionado al estudiante con fines educativos, para la crítica y la investigación respetando la reglamentación en materia de derechos de autor. Este documento no tiene costo alguno. El uso indebido de este documento...
moreEste documento es proporcionado al estudiante con fines educativos, para la crítica y la investigación respetando la reglamentación en materia de derechos de autor. Este documento no tiene costo alguno. El uso indebido de este documento es responsabilidad del estudiante. Bourdieu, Pierre. (2002). La "juventud" no es más que una palabra. En Sociología y cultura (pp. 163-173). México: Grijalbo, Conaculta. 162 SOCIOLOGIA y CULTURA Eso no es todo: por ejemplo, si se trata de determinar la estruclUra de lo que se dice en el lugar en que estamos, no basta con un analisis del discurso. hay que captar el discurso como \producto de todo un trabajo sobre el grupo (invitación o no invi-tación, etcétera). En pocas palabras, hay que realizar un análi-sis de las condiciones sociales de constitución del campo en el cual se produce el discurso. porque allí es donde reside el ver-dadero principio de lo que podría o no decirse aquí. De mane-ra más profunda, una de las formas más eficientes que tiene un grupo de reducir a la gente al silencio es excluirla de las po-siciones donde se puede hablar. Por el contrario, una de las formas en que el grupo puede controlar el discurso es colo-cando en las posiciones donde se habla a la gente que dirá lo que el campo llutoriza y desea. Para comprender lo que puede decirse en un sistema de ense¡)anza es necesario conocer los mecanismos de reclutamiento del euerpo docente, y resultaria muy ingenuo creer que en el plano del discurso de los profeso-res es donde es posible captar lo que se puede decir y por qué. Cualquier expresión es en cierta forma una violencia sim-bólica que sólo puede ejercer el que lo hace y sólo puede sufrir el que la sufre porque no se recolloce como tal. Y si no se re-conoce como tal, se debe en parte a que se ejerce con la me-diación de un trabajo de eufemización. Ayer alguien evocaba el problema de la recepción (respecto de la eficacia de la ideología): 10 que he dicho engloba tanto la producción como la recepción. Por ejemplo, cuando en Lu educució" sen/i-",en/ul Flaubert proyecta toda su "representación" de la estructura de clase dominante o, para ser mas exactos, la rela-ción que tiene con su posición en dicha clase, bajo la forma de una imposibilidad de ver a esa clase de otra manera, esta pro-yectando algo que él mismo ignora o, aún más, que niega y desconoce porque c1lrabajo de eufemización que él impone a esta estructura contribuye a ocultárselo; es algo que también es poco reconocido y aun negado por los comentadores (por-que ellos son producto de las mismas estructuras que determi-nafon la producción de la obra). En otras palabras, para leer hermenéuticamente a Flaubert es necesario todo el sistema, del cllal su propio discurso es un producto entre otros. Cuan-do se habla de ciencia de las obras, es importante saber que, con el simple hecho de autonomizar las obras, se les otorga lo que cllos piden, es decir, todo. 1 I El 1L'l:lor cncolllrnr¡\ an¡\lisis complementarios en PieTTI'. Bourdieu, "L'onIO-Ingic politiquc de Martín Heidegger", en ACles de la rechl.'rehe e/l se/ences so-d(/{(!. ~, nllms. 5-ó , no viembre de 1975, pp. 109-156. • La "juventud" no es más que una palabra· .CÓmo enfoca el sociólogo el problema de los jóvenes? ~ El renejo profesional del sociólogo es señalar que las divi-siones entre las edades son arbitrarias. Es la paradoja de Pa-reto, Cllando dice que no se sabe a qué edad empieza la vejez igual que no se sabe dónde empieza la riqueza .. De hecho, la frontera entre juventud y vejez en todas las SOCiedades es ob-jeto de lucha. Por ejemplo, hace algunos años leí un ar.tículo sobre las relaciones entre jóvenes y notables cn Florclll:la du-rante el siglo XVI, que moslraha que los viejos proponían a los jóvenes una ideología de la virilidad, de la I'inu, y de la violencia, lo que era una forma de reservarse para sí la sabiduria, es decir, el poder. De la misma forma, Georges Duby muestra claramente cómO en la Edad Media los límites de la juventud eran manipulados por los que detentaban el patrimonio, que debían mantener en un estado de juventud, es decir, de irresponsabilidad, a los jóvenes nobles que pa<:lian pretender la sucesión. Enconlrariamos situaciones equivalentes en los dichos y proverbios, o sencillamente en los estereotipos sobre la juventud, o aun en la mosofia, desde Platón hasta Alain, que asignaba a cada edad su pasión especifica: a la adolescencia el amor, a la edad madura la ambición. La representación ideológica de la di-visiÓn entre jóvenes y viejos alarga a los más jóvenes ciertas co-sas que hacen que dejen a cambio otras muchas a los más viejos. Esto se ve muy bien en el caso del deporte, como, por ejemplo, en el rugby, donde!::! exal::>. a los "buenos chicos", esas buenas bestias dóciles destinadas a la oscura abnegación del juego de delanteros que ensalzan los dirigentes y comentaristas. ("Sé • I-mre\"ista realizada por Anne·Maric MClailié, pllbli1:ada en I !'~j(' II¡W\· /'1 ¡" I'H'IIt¡tr ewp/aj Paris, A\ ~odat¡on des Agcs, 1978. jl[1. 5211-530. 16)